los sueños, sueños son;

viernes, 23 de marzo de 2012

Canto por el recuerdo

“¿Qué derrotó a la utopía?”
Andrés Rivera
Nadie te persigue, alondra,
por surcar con gracia la noche en tu vuelo.
Donde hay nubes por almohadas
el cielo es una sabana tibia.
Dichosos saltos que remontan la tierra.
Búsqueda en los cajones
donde guardamos la utopía:
sale el subconsciente al aire y los significados
aprovechan para trazar figuras tan lejanas.
Momentos de la noche, en la noche quedan.
No por mucho dormir va a desaparecer el día.
Uno podrá dormitar del café al trabajo
con suma tranquilidad;
pero el tranco de las horas
para solo ideas,
no son más que páginas vacías.

24 de marzo 2011

martes, 20 de marzo de 2012

Hay días

Es lunes cuatro p.m.
en la plaza de Libertador y Callao.
El cesped y el arenero inundados
todavia cuentan
de los pasos de la lluvia.
Ese altivo horizonte que sin irse
amenaza con volver.

Recorro lentamente la plaza
con la retina.
Tonto espantapajaros que todavia cree
tener cuantiosa gema en protección:
Hay alguien.
Un nene juega a la pelota solo.
No lo culpo.

Estoy tirado.
Cien palomas más en capital.
Un edificio antiguamente reciclado: Conventillo.
Los inquilinos son el paso de la edad.
Una mano fría sostiene mi peso
de las agujas de las horas.
Los recuerdos
hilos que me tambalean.
Un titiritero me ata de nuevo a una botella de vino.

domingo, 17 de abril de 2011

Presencia

"deja la vida volar"
Víctor Jara
I
Me siento solo el capitán.
Soy frió ave de rapiña
Tranquilo pienso gamulán.
Por los caminos sierpe y orquídea.

Capaz los días un búho que va.
O el pasado hoy larga guadaña tibia.
El pensarte, no esperar.

Pensarte donde estas. Trágico policía.
La partida, tiznada libertad.

¿Por qué asociamos los cuerpos a la vida?


II
Los recuerdos son parte de todo camino.
Camino que es un río que se va.
Recuerdos que son vida.
Recuerdos que quietos no nos deben dejar.

De vida no debemos ahogarnos.
Todo hombre es un camino que va.
Todo hombre tiene una sombra
estando quieto, al caminar.

Nadie transita rumbo sin pasado.
La sombra siempre es compañera al pasar.
Compañera "caminante de costado"

la vida nunca se queda atrás.
Nosotros tampoco debemos quedarnos
dejando sola a la vida marchar.

jueves, 24 de marzo de 2011

nosotros...

nosotros
no nos juntamos para llorar

pero si para estar tristes
y ver tomar
una cerveza una película

somos así

intentamos
llorar solos
de costado
emulando el arrullo del mar
el suelo firme que recibe
las caídas de los frutos
de las hojas
de los hombres los pasos

la lluvia es buena amiga para ello
como la noche
la madrugada
los vidrios o charcos reflejando
el viento hondeando en la nada

y todas las personas
desconocidos
inanimados

con sus pasos, con su ruido
haciendo tan bien
la sordera
el no ver
de vida ahogado

el deseo anhelante
de no querer estar
en ningún lado

martes, 8 de marzo de 2011

Agosto

esta temporada
los tenues matices de la vida
se han confabulado
para procurar la creación de esta
la tendencia más ubérrima
que ha logrado mi lírica:

la colección otoño invierno 2010
bryam herrera

con la que siento que puedo saltar del guetto
para volverme –si no soy aun- un
perdedor hecho y derecho, internacional

y disculpen mi ego, me excuso,
pero si
es que más que de Buenos Aires podría ser
un escritor frustrado de Nueva York o de París
otro clocharde interdiario más aglomerado
en los umbrales de la creación
-en la barra de algún bar-

aunque -si es que soy riguroso
ante las pruebas de los roncos ruiseñores que tanto leo-
para todo esto quizá me falte algo de sexo:
siempre sentí aflicción por las prostitutas
y mi cotidianeidad por estos días no ha sido la mejor
a la hora de conquistar
en invierno a altas horas de noche no sé que es lo que pasa
como si el frió les impidiese vivir

(por eso siempre me burle de los cuentos
de los“tipos ideales”
pese a leer a mil pupilas las supuestas verdades
que se verifican a si mismas

y que hoy marchitas me ponen en jaque)

siendo circularmente sincero
de lo que menos ganas tengo es
de seguir con viejas ganas
-cuerpos distantes amarrados a mis manos
por timón mi sonrisa pirata-
la soledad solía ser una huella
que hacia a mi pequeñez
de eterno e inocente postorcito
un valle serrano lleno
de tiritantes llamas flameando en las laderas
oh, estúpidas marcas aspirantes al todo
que alguien de burda fe confesa llamó universal

(pensar que las ultimas veces que probé bocados
de la mano de otra vida
fue para ver si era útil el consejo de los años
de tesis doctoral –y los 25 pesos-
de mi ex psicóloga
“bryam,
y si intentas hacer las cosas
más a lo normal
salir, tomarte una cerveza con tus amigos
y algunas chicas
por más que sean unas pelotudas, ir a bailar”
les juro que me dijo eso

mas quien me conoce sabe que antes
mucho antes de eso, un viernes a la noche
prefiero ver sobre los modos de tener
el auto enchulado, o indagar
sobre la crematística y el devenir de la insurrección
reírme de alguna letra satírica de tango, de hip-hop,
de algún salmo del florido quijote)

viejos espantapájaros que por banderas alcé alguna vez
han acudido oh pretéritos a mi:
calco hoy de relación que afronto con las mujeres
como el pasado al presente; o la mañana
a la luz de la noche, mi vida
ha sido un cáliz de muerte para si:
la noche nuestros pasos las partidas
un cáliz negro
todo
rebajado
con hielo y gaseosa
lavado por las paredes de nuestros rostros

recuerdos
que con el rocío son escarcha en la mañana
en los pómulos de agosto

veo mis filosos surcos en la pared tachados, crecer
en alborada en procesión
preguntándome
¿que pasa con la melancólica lentitud
del recuerdo olvido
la otra fehaciente cara del olvido recuerdo?
rostros
cuerpos
imágenes
que no conducen a ninguna parte
esa amanzanada cascada tus cabellos
agua que no ha de hondear mis manos de nuevo
en esta nueva y tempestuosa temporada
en esta nueva y ahondanada soledad

“el amor destruye como la muerte”
dijo con la autoridad de su vida alguna vez
un gran poeta
poco antes de ser acribillado
al querer volver a mi tierra
-por suerte creo en las coincidencias-

pensar que con un viaje en subte empezó todo
el llanto, el amor, las promesas
los cálculos, el odio, este camino
después de la muerte viene el olvido
el olvido que es muerte en primer grado
este olvido que es nuestra alborada
pues no hay olvido en mi vivo corazón
¡he dicho!

solamente algo de sombra en su pecho

jueves, 17 de febrero de 2011

tampoco así sociologo

sobre el fetichismo pequeño burgues del trababjo
hace un año más o menos
que empecé la facultad

comencé cursando de noche
con compañeros
todos mayores que yo
y, cuando no,
militantes y/o trabajadores

recuerdo
que casi siempre al conocerlos, presentarnos
entre la edad y las materias
y el lugar donde vivía
me preguntaban
-en la expectativa, alegres-
si es que acaso tenía algún laburo
o si lo estaba buscando
a lo cual yo siempre contestaba
con una negativa
-ahh
me decían
algo decepcionados
y me contaban lo que ellos si hacían, o sino
me comentaban que andaban buscando algo

en ciertos modo todos por seguridad, fluidez,
esperaban verse reflejados en el otro, pienso,
afirmados,

porque a los seis meses de haber empezado las clases
los circunstanciales pero objetivos
vaivenes de la vida –mi padre-
me hicieron por unas semanas
colaborar con la labor familiar
yendo a trabajar a destajo a una construcción por Palermo

todo cansado y algo empolvado al caer la tarde
-era invierno-
luchaba por no dormirme en las clases

estoy muerto comenté alguna vez
o cansado, algo símil, no recuerdo
al oír que preguntaban por mi estado
¿qué anduviste haciendo? preguntó un compañero
-nada, empecé a laburar
repentinamente abrió los ojos. de nuevo
esa alegre expectativa:
-¿de que?
-estoy haciendo las de ayudante de obrero en una construcción
-ahh...
...y como entraste ahí?
-ayudando a mi viejo
-ahh... mirá vos, dijo
con una extraña mirada: apagada
entre sorprendida y asustada
como si pensase
«laburar esta bueno
pero tampoco para tanto, digo, así».

fue parecida la reacción de otros compañeros
algunos indagando más, otros menos
salvo uno que alegre se sonrió y me comentó
-militante de un partido socialista-
que me iba a curtir las manos
como un obrero.

viernes, 4 de febrero de 2011

Una noche blanca

“súbito brilla a lo lejos
una luz... una luz maldita”
Rafael Obligado

Era un viernes por la noche, abril, algo entrada la primavera, y no darían las nueves, pero ya podía decir que era la peor fiesta de salón a la que pudo haber asistido. Y dios sabe cuanto aborrecía este tipo de compromisos. Es que vienen los parciales tía, perdoná, vos sabés que... es que tengo un laburo, una changuita, no quiero perder otro año de facultad... estoy medio enfermo. Ese era además del tedio, otro, sino el principal motivo por el cual él nunca quería asistir: nadie de ahí me conoce realmente pensaba, nadie, ¿una changuita? ¿yo? ¿perder un año? ¿cúando? Pero mal o bien en la memoria lo tenían desde chiquitito, el vaivén de sus edades, lo que decían sus padres de él, sus notas, las comidas o golosinas que le gustaban cuando enano. Podían saber, sabían, que siempre llegaba a tiempo, que siempre se vestía formal, de traje, pero no podían dar cuenta de tantos otros aspectos que resguardaba en su interior: ni sus propios padres sabían que había aprendido a tocar el piano hacia mucho por ejemplo. Y él tampoco les decía. Por eso era que no los culpaba, solo se sonreía, acotaba algún comentario que iba detrás del tema sobre el cual que se hablaba, mero colorarío: preguntaba como estaban, asentía: a fin de cuentas, sobre la medicina y el encierro psquiatrico nadie sabía, ¿a quién le importaba?. No quedaba más que sonreír, comer, pensar callado. Eso hacia siempre, eso y observar. Sin embargo, esta vez era diferente, era peor, la peor de todas. Pues ni era su familia, ni había algo de cariño. El tío de la que en ese momento era su novia cantando en el barnitzva a su hija, la festejada, la canción “Angel“ en hebreo, con las letras cambiadas ("para la ocación"): las tías mirando conmovidas, su novia riéndo levemente y él en una postura de snob-estudiante-de-cine indignado por lo grasa de la cultura popularmente familiera de quien en ese momento era su pareja. Ineludible, el peor de todos pensaba, y eso que practicamente no iba a compromisos así. ¿Seres sociales? ¿seres sociales? ¿dónde? ¿cúando?, pensaba ironicamente, tratando de hacerse gracia, Aristoteles, Marx, puras palabrerias, ¿eso que veía ahí era lo intrínseco a lo humano?. Reía desde una intencionalmente tonta sobérbia. Y miraba a todos lados desde esa absurda estatura, a todas las mesas. La atención casi unánime depositada de modo vehemente en el escenario le hacía posible el observar cada mesa con plena libertad, sin que se den cuenta los examinados. Las caras, el maquillaje, las des-saturadas carcajadas, la primera vez en traje de varios chicos, el siempre colgado que no entendió que era elegante sport, las señoritas y las ya señoras, los peinados, los vestidos desencajadamente encajados, las pestañas falsas, todo ese mohín: Basta, ¿Qué hhago acá? preguntó decididamente. Cuando de pronto haciendo clik, se le asomo una idea: aprovechando la algarabía, mano al bolsillo, ademán de atender el celular, hola, hola, se paró, caminó al guarda ropas, cerró el celular. ¿Esto es una joda, no? le comento al encargado del guardaropa. Vos por que no laburás acá todos los findes. ¿Se pone peor la cosa?. Un gesto aleboso: Y que no sabes, el otro día un pibito en andador cantó la de el Rey León, que por suerte lo hacía cerrando los ojos, por que hasta la vieja se hizo la que iba al baño para no cagarse de la risa en la cara del pendejo. Darío no supo si creerle, pero agregó: Por suerte ahora me las pico yo, y se fue a pedir una copa a la barra: seguro exageraba pensó. Tomó la copa, volvió a la mesa.
Al llegar suavemente tomo con sus brazos por detrás a su circunstancial pareja, y tras un beso en la mejilla le susurró al oído que se tenía que ir: no entendí bien que le pasó a Fer, pero esta yendo en taxi al hospital pirovano para hacerse ver en la guardia. ¿QUÉ?. Me llamó Juan solo sé lo que te dije recién, no sé que onda, ojala no sea nada grave. Ay mi amor, andá, andá, rápido, ojala no haya pasado nada, digo nono, no pasó nada: conmovió la mirada mientras se aferraba a los brazos que por su espalda la abrazaban, entre las anárquicas palmas que exijian que cante una más el "tierno" del tío Ruben. Te amo mi vida, saludame a Fer. Ay, pobresito. Vas a ver que no pasa nada, yo también, no te preocupes, dijo él con el semblante intacto, y solo trocando un poco el tono de voz se dirigió erguido a la puerta con el saco por sobre el hombro. Un saludo seco al que le abría la puerta. Estaba a solo tres pasos, cuando el sonido de los tacos al emular una suerte de trote torpe lo detuvo: ¿no querés que te lleve en el auto amor?, así llegás más rápido. Nono, no te hagás drama, vos quedate acá que no todos los días se hace mujer tu sobrina. Prima. Bueno prima, con mas razón, le sonrío, solo dame si podes algo de guita, unos 30 pesos, por si necesito pagar algo más que el taxi, viste, uno nunca sabe, alguna medicina.

Salió entre el viento de la aún distante media noche: por suerte estas fiestas de mierda no son como los 15 que duran hasta la madrugada arrojó lo que quedaba de la escena. Avanzó a Córdoba por Riobamba, acelerando el paso por que faltaban unos minutos para las diez, y tenía que apurarse si quería comprar algo. Puta, esta cerrado. Tenía que ir al supermercado de Riobamba y La Valle, el del chino que habría hasta cualquier hora.
Darío conocía bien esa zona, por que además de estudiar todo su secundario, cursó toda la facultad por ahí, salvo el año que hizo el CBC en Ciudad Universitaria, y el año que hizo la residencia. Más de una década pensaba. Entró al supermercado, mirando los abismos de las góndolas entre pasillos finamente angostos: no sabía bien que comprar, pero tenía que cenar algo rico: tomó dos alfajores triples pepito, unos bonobones que estaban en oferta y una gaseosa de pomelo. Dies peso, le dijo la cajera, y mientras él le alcanzaba el dinero, agregó: a ver mochila. Nono, esto es un saco, mirá: lo estendió frente a la cajera, tomó las cosas y se despidió: gracias, adiós. Y salio por la puerta, tras no oír sino el sonido de la caja al cerrar, y un hola dirigido a otro cliente.
Entró a caminar recto por La Valle, ya eran las diez y pico pe eme, pasaban los autos, la gente, el trafico arriba y abajo de la acera, era un viernes a la noche más: él pensaba ¿por qué habré dejado de fumar? con la gente saliendo del laburo, yendo a cenar, cartoneando, esperando a alguien en una esquina, ¿si todo seguía igual?¿por qué?. Esperñó unos cuantos segundos el semáforo en rojo, mientras pasaba una pareja abrazada: ya casi nadie usa la palabra cita pensó en aquel momento en que volvía a su rumbo, mi chica, mi chico, vamos a salir, un amigo, siempre con esa careta esquivando lo verdadero. Es entendible igual reflexionó, más que lo verdadero, esquivando el compromiso, las únicas citas de las que escucho son con el medico, el dentista, y mira si ya en el a priori de la salida, sin siquiera haber salido, se van a meter en una formalidad hecha y maltrecha, de secretaria y titulo de por medio... ¿pero no piden un turno en verdad?, ni que quien-sabe-quien fuera tanto, aunque tras de todo, en verdad, un poco si, un poquito, algo más que un poco: bastante... lo mejor es pedir a domicilio, delivery... o tal vez salir a buscarlo. Abrió un alfajor mientras seguía divagando. Zigzagueaba su mente en su mas inmediato pasado, en María, ya cruzaba la calle Florida: que enfrascado che, al pedo, si después de todo en el revés de sus quejas siempre hay algo de razón, por muy de artilleria, a lo vale-todo que sean, mal o bien después de estos años algo me conoce la turra, algo más que algo inclusive. Es que Buenos Aires como Lavalle nunca me gustaron proseguía, así de fácil, y ella tampoco: todo tan coloridamente gris, la 9 de Julio, sus vestiditos, todo por que ya no daban ganas de viajar en el sube, por que hasta la hermana me habla como mi cuñada, tanta gente... En el primer año de la carrera empezó Darío el habito de ir después de cursar, de vez en cuando, a la costanera -ya no falta mucho, se decía: la noche apenas fresca- caminaba, buscando algún lugar para sentarse, para leerleen silencio al río versos modernistas, o del romanticismo; o para leer a Shopenhauer, Ser y tiempo también, recordaba. O a ver si avanzaba con ese libro de Carlos Fuentes, en dos tardes Conversación en la Catedral, siempre al verlo en su biblioteca pensaba en eso, algo parecido con La montaña mágica, El proceso, El castillo: lo que era no tener el ipod, los noventa, las pilas para el walkman estaban caras; y ahora, en cambio ¿a qué vuelvo acá? huyendo, y vos como la nueve de Julio, las idas y las vueltas de cientos y cientos fantasmas desconocidos, ignotos, y yo tan poco aventurero, tan parco, y las pantallas gigantes, los hoteles: deslumbrante, bien vestida, habitada: no sé por que te llamo mi vida con tanto empeño, ni siquiera sé por que empecé, le dio un trago al pomelo. Caía más aun la noche a cada paso. No faltaba casi nada, en una cuadra se terminaba la peatonal. De ahí solo quedaba cruzar la calle.

Mientras tanto el tío Ruben un poco entonado se ponía celoso al ver bailar reggaeton a su princesa. María lo calmaba con la tía. Fernando miraba tele en su sofá tranquilo. Juan estaba cenando.Una muchacha se abría paso por corredores vacíos entre llanto. Darío ya estaba entrando a la costanera.

Salió corriendo del inmenso hotel donde se hallaba, dejando la puerta cerrarse sola, un golpe fuerte: un sonido grave por fondo de los desordenados tacos que apeaban las gradas. Ella traía un abrigo no muy largo, con la clara oscuridad de las medias mirando alegres de costado, una bufanda larga, la cabellera atada bajo un lindo gorrito blanco. ¿Qué le pasa?, se interrogaba Darío. Ella se detuvo frente al río, tomándose de una baranda: se calmó: Darío casi y no veía: ella se tomaba de la frente, con los codos en la baranda, miraba al río negro donde apenas si la luna parecía amarilla. Se acababa de desengañar de las cosas, por eso corría, por eso huía de su sombra, que en la noche de la costanera desaparecía al tomar la niebla de las horas y el roció de la humedad, perdida entre las tristes sombras que desde el suelo la amarillesca luna cegaba. No quedaba otra cosa que pararse y seguir adelante, caminar. Darío tiró la botella de la gaseosa en un tacho, y de lejos la siguió sin pensarlo directamente, desde el otro lado del río. Ella caminaba recto, sin mirar atrás. Había bastante gente caminando y cenando en la rivera a esas horas, parejas, grupos de amigos. Darío sin pensar la seguía, se apresuraba para cruzar el puente al verla doblar en la Avenida Villaflor, al dirigirse a la parte más solitaria de la costanera. Ya no había restaurantes ni locales, dos avenidas separadas por una vereda de cemento abrían un camino rodeado de algunos arboles y arbustos prolijamente podados. No se oía gente, solo alguno que otro auto, y de los hoteles y de los edificios de oficinas solo se veían las paredes de vidrio. ¿Qué estoy haciendo?, interrumpió el ritmo de sus pasos Darío al recordar la imagen de María: ¿en qué estaba pensando?. Él no era así, de animarse con una desconocida que encontró llorando, que siguió en la noche... aunque por otro lado también podía ser la hora, el momento, en algún momento de su vida tenia que intentar hacer algo mal, o no, por el contrario, algo bien: jugarse, ver que era lo que realmente él quería, no lo que era más fácil, lo más cómodo, algo había que sentir. Decidido recobró la seguridad de los pasos, pensando que decir: linda la noche ¿verdad?, nono, se desabotonaba el saco, “que largo camino anduve para llegar hasta ti”, una buena sonrisa, tampoco. Doblaba por la Avenida Achaval Rodriguez trazando frases en el aire de la noche, pensando, cuando el avistar de una silueta no calculada lo frenó repentinamente. ¿Quíen era?. ¿Qué hacia?. Mierda, me gano de mano. Era un hombre de estatura media y de espalda ancha, vestido de negro, que iba disimuladamente acelerando el paso, acercándose poco a poco a la chica. ¿Qué le dirá? pensó Darío, seguro debe tener más experiencia que yo en estas cosas: cada silencioso paso que el desconocido daba era más decidido que el otro. Estaba casi todo perdido se decía, y sin embargo curioso, Darío los siguió casi automaticamente desde la vereda de enfrente. Que cosa que jamas habría hecho: María ni loca me hubiese dado bola si la hubiese encarado así, bah, ¿y si si me hubiese dado bola?, quien sabe, ¿y si en vez de conocernos en un café de Corrientes que por tener las mesas llenas me forzó a pedirle si podía compartir su mesa para estudiar?, ¿y si hubiese pasado algo más lindo, digno de contarse? cuando le pedí eso en lo que menos pensé fue en ella, por el contrario, capaz ella tiro la punta antes para el actual nosotros, yo solo quería estudiar, y al darme cuenta de la nueva variable que se abría tomé cartas en el asunto; en cambio a esta chica la sigo, mis pasos giran en torno a su sombra, a la sombra de ella, de su misterio... y su acompañante, o mejor dicho, quien quisiese que deje de ser o que no sea su acompañante.
El hombre que la seguía por fin la estaba alcanzando, pero ella aceleraba un poco el paso, ¿se habría dado cuenta?, parecía que le decía algo, que intercambiaban palabras. Y efectivamente eso pasaba, mas Darío por la distancia no podía afirmar nada, pero lo sospechaba, ella giraba la cabeza hacia atrás, pero al hacerlo no se detenía sino que seguía caminando, sin siquiera permitirle a otro caminar con ella. Era insistente, se decía Darío, esa era una buena cualidad, la cual el también tenía, pero no en ese ámbito, en esas cosas, cuan poco le importaban ese tipo de cosas: ganar con juegos de palabras, intentando sacar sonrisas a desconocidos, intentando sortear patrones aleatorios, obstáculos desconocidos: a él le gustaba saber que ganaba, que hacía y por que es que lo hacía, el me gusta no era aun buen motivo para su forma de ver las cosas, era algo tan vago, tan aleatorio, tan difuso. Las enfermedades no se curan así, las formulas no se resuelven con el instinto: pero también esos no son todas las cuestiones de la vida, se le ocurrió repentinamente. ¿Qué pasaba? ¿por qué levantaban las voces?: los movimientos se tornaban más rápidos, más abruptos, parecía que ella estaba apunto de gritar, el ya caminaba al paso de la chica, casi al lado de ella, un poco más atrás. ¿Qué le habrá dicho? ¿se conocían de antes?. Ella parecía llorar, se detenía un poco, ya no estaba por gritar. Darío se sorprendió un poco: se conocían pensaba algo bastante desilucionado, pero no cesaba de seguirlos desde la otra acera. Ella parecía ir con él ya resignada, lo tomaba del brazo, seguían avanzando, yendo para el lado de la entrada de la reserva ecológica. Las luces eran cada vez mas escasas, los grandes edificios luminosos iban quedandose atrás, y los autos cada vez eran menos, y ya estaban por acabarse. Empero, lejos de tener noción de ello, Darío seguía enfrascado en sus ideas, pensando en él y en su vida que poco a poco se iba dando cuenta que era bastante apagada en algunos aspectos. Hasta María es más expresiva que yo. Es más alegre, tiene más amigos. Se divierte como una nena... como una nena, cuan remoto era el poder figurarse como niño, ¿comó un nene?, ¿cómo sería como yo un nene?: un vago avanzar iba señalando el rumbo de su pensamiento hasta que: ¿dónde están?. Acababa de volver a fijar su atención en los otros dos y no los hallaba por ninguna parte. Se detuvo al instante, aguzando la vista, mirando alrededor. Ya estaba en la parte donde terminaba ese tramo recto de la Avenida Achaval Rodriguez, donde de día tocaban siempre bandas, había espectáculos, ferias. De noche estaba todo tan vació, tan solitario. Los costados del camino a la entrada de la reserva lucían tan oscuros. Y todo en derredor se encontraba en una extraña, algo dudosa paz, en silencio. Todo se veía tan quieto... salvo ahí, al costado derecho del camino. Había algo, se oía algo, y Darío dudaba sobre que hacer, estaba quieto en su lugar. A un costado del camino que llevaba a la reserva había una especie de lomada que bajaba rodeada de plantas, las cuales hacían más sombría la escena a esa hora, obstruyendo el cobijo de la luna. Ahí casi no había luces, puesto que no se necesitaban con la reserva cerrada. Y el relieve que bajaba se perdía a la vista, haciendo de ese lugar una suerte de refugio. ¿Estaran ahí?. No dudó, precavido bordeo la calle, y haciéndose el desentendido se apoyó en el borde de la pequeña pared que daba fin a todo el cemento de la costanera, separándola del empantanado río. A simple vista parecía que Darío solo contemplaba el paisaje, el horizonte, las estrellas, el cielo, pero en verdad se encontraba viendo el pequeño espectáculo de la chica y su misterioso acompañante, que metidos en sus asuntos no se daban cuenta de la presencia del Darío-fisgón. La chica estaba tendida en el suelo llorando, mientras el hombre de negro teniéndola fuertemente con una mano le pedía que besara su sexo. La chica no paraba de llorar, y el misterioso hombre con su otra mano mostraba ligeramente un arma blanca que sacaba a medias de su bolsillo. La estaba amenazando. Por eso ella no gritaba, por eso no se resistía, no luchaba. La estaba violando, o al menos eso intentaba. La chica lloraba, no sabía que hacer; y no queriendo depender de voluntades frágiles, el hombre del arma blanca se tiro sobre ella intentándola abrir de piernas a la fuerza. Era un forsejeo injusto, de ganador previsible: en un dos por tres él ya estaba encima de ella, entre sus dos piernas, se bajaba la bragueta y se disponía hacer y deshacer a su antojo. Darío curioso cesó su ensimismado pensar, y saco el alfajor triple que le quedaba. Fue un momento extraño, las oscuras aguas del río porteño se llevaron el envoltorio del alfajor.

martes, 14 de diciembre de 2010

Cuento en una noche y una mañana

 Un estruendo mudo, como si un portazo te agarrase la lengua. Dos  pequeños niños gordos subiendo y bajando, una y otra vez, escaleras  mecánicas, esperando el fin, su final, la vuelta que les permitiese dormir. ¿Como los perros?. Si, exactamente como los perros; ¿ves que entiende?. ¿Y su cola?. Que sé yo de su cola campeón, los marranos  tampoco andan en dos patas. Si lo pensás bien, lo que le estas diciendo  es bastante ofensivo, y ni hablar de lo absurdo de la metáfora, o del  mal ejemplo. Si ni entiende el pendejo, ¿aparte absurdo? plagio más bien, pero ¿absurdo?. Esta enfrente tuyo, Darío. ¿Bendejo?. No Mati,  pendejo, con pe. Dios mío, se acomodo en la nariz -pen- los anteojos  -de- mientras se disponía a proseguir -jo- su lectura. Muy bien, lo  lograste. ¡Siiii!. Ya va aprendiendo, lastima que no este la tía para verlo, ¿no?; que por cierto, ¿donde esta esa tía, a quien supuestamente andas cortejando? verte acá cuidando a su sobrino y no verla a ella me  hace creer que la hace mucho mejor de lo que pensé. No seas bruto y tapalo bien, no lo asfixies con la colcha; y no sé la verdad que hace exactamente, pero me dijo que salía con las amigas y que no iba tardar, así que ya debe estar llegando. ¿No sabes? mira que interesante, leer y esperar también lo podrías hacer afuera, eh, eso si sabrás. Máximo siguió leyendo el diario, urgando entre las noticias de espectáculos algún evento, la calle Corrientes, ya se empezaba a hablar de Mar del Plata, los cines, estrenos y algunos avisos que le decían que entre otras  presentaciones estaba por venir la filarmónica de Londres: justo: que ya  tenía el regalo para el día en el que se iba cumplir un año de estar saliendo pensó Máximo, un año. Aquel día de primavera en el que se  conocieron... ella entro al café apurada, frenando el momento con ese vestido negro que hacía imposible no detener en su postora la mirada. No  señorita, el baño es solo para clientes. Máximo oía en silencio. Pero le pido por favor, es una situación le susurraba, los oídos de Máximo mirando atentamente, ya sabe usted, de mujer a mujer. En serio, disculpe pero no puedo. Pero, mira, la verdad no tengo dinero y no hay muchos locales por  la zona, por favor, usted entiende. Él se paro. Lamento no poder ayudarla, las  reglas no las elijo yo y son bastante estrictas, y más conmigo que con  usted, se lo aseguro, y disculpe, pero si no va consumir algo le tengo que pedir que se retire. Ella viene conmigo, dijo él acercándose desde una mesa no muy distante, ¿o no Caro? Perdona que no te ví, estaba por  llamarte. -Un año.- ¿Te pido un café como siempre?. Bueno, dale, ahora  vuelvo./ ¿Como me iba a negar a salir con él, Darío? después de salvarme así en ese momento, aparte invito él, era lo mínimo que podía hacer, ah, y también me trajo con el coche a casa, se comporto excelente, no le veo lo malo. Todo un caballero el dandy de Nuñez, ¿verdad? ¡cómo si alguien fuese caballero por la sola “caballeritud”!, o caballerosidad, bueno, vamos, siquiera te hubieses conseguido un cabeza de ese barrio, que también tienen guita pero al menos  se mechan uno cada que ven alguna paloma. ¿Me estas jodiendo? aparte, ni que saliese con vos. Mira, no me jode que salga con  vos, bah, capaz un poco, digo, vos me entendes, vivimos juntos, pero esperaba algo más de vos -ella lo miraba fijo con los ojos: sos un pelotudo pensaba -, pero por lo menos pasá más  tiempo en su casa, por favor, duerman ahí, que si sigue así le voy a  decir que pague un toque del alquiler. Sos un cara rota Darío, posta no tenés cara, ni que (...)./ Bueno, por fin se durmió el pendejo. Ahora falta que te duermas vos nada más. No, hoy no me toca de niñera como a vos Maximo, yo ahora salgo a joder un rato, como tu afortunada, que por cierto mandale un saludo si es que vuelve cuando estas despierto, que no la vi hoy. Sin oír ni esperar por una respuesta tomó su campera de jean negra del respaldar de una silla, agarró las llaves y abrió la puerta. Ojala se vayan a cojer a su casa pensó mientras bajaba por el edificio, tengo tan pocas ganas de  abrir la puerta y verlos ahí, ¿que? ¿quieren que me una? la cara que  pusieron la otra vez que volví temprano, fue graciosicimo, pero la verdad ni  ganas de repetirla. Ojala sea yo el que no vuelva a casa hoy, eso sería mejor.

Él  avanzaba por la acera, y sus ojos resplandecían en la noche, reflejando el algo tenue pero luminoso brillo de los postes de luz de Chacarita.  Darío era algo alto, flaco, de facciones menudas pero largas. Su campera  aunque entallada como casi toda su ropa le bailaba un poco en el  cuerpo, se había quedado en los años le gustaba pensar. La billetera en  el bolsillo de atrás del jean, las llaves en alguno de los de adelante,  era todo tan difícil de sacar ahí, de esos bolsillos apretados. Por eso el atado lo traía en el pecho de la campera: su tacto lo sabia, mirando recto, fijo, sonriente a la  nada, sus dedos sin ayuda abrieron el bolsillo y sacaron un cigarro:  Disculpá, ¿fuego tenés?. Tomá, le alcanzo el pucho que estaba fumando, que el fuego lo tengo perdido en la cartera. Darío lo tomo y pego el extremo de ese cigarro al suyo. ¿Y qué haces paseando al perro a esta hora? le dijo con la media boca con la que no estaba sosteniendo el cigarrillo que encendía, tenés más pinta de salir. Esperaba a mis amigas, y mientras sacaba a pupi que sino me ensucia la casa después, ella sonreía levemente mientras miraba al perrito, ¿o no, pupi?: mierda penso él. Yo por eso tengo un gato, pero no por que no me gusten los perros, sino porque soy  bastante colgado, y viste, exigen su responsabilidad. Ella le sonrió de nuevo mientras volvía a ponerse el pucho en la boca, ¿por que me sonríe?  pensaba él: ah, y gracias. No, no hay de que respondió ella que seguía ahí haciendo lo mismo, eso mismo, sonriendo, y bueno, ¿que más podía  hacer?, había algo más que ya era notorio. Por ello, aprovechando, al ver que ella se quedaba quieta, antes de dejar  lugar a otra cosa, él se presentó: Me llamo Darío. Mariana... mis amigas me dicen Meri. Así que ibas para allá, ¿no?, señalo recto por Delgado como quien señala la plaza. Si, si, ¿como sabías?. Y yo si tuviera que pasear  a mi mascota la llevaría a la plaza, dijo con vos candidad a modo de broma para evitar que suene a burla. Cierto, que tonta, ¿vos también vas para allá, no?, él asintió: Dale, vamos juntos... si gusta, claro.
Los  dos caminaban por Delgado charlando, cruzaban Cespeces, Gregoria Perez,  Zabala: ¿Estudias, laburas?. Mientras él pensaba que la noche valía la  pena, el tiempo estaba un poco fresco nomás, sin mucho viento, hago las dos y algo más, enseño y, ojala los pibes tengan algo para hacer hoy, compongo y estudio. Mira que lindo. Sus zapatos no eran lindos, su perro tampoco: ¿y vos?; el vestido si le queda bien, ¿esa sera la tez de sus piernas o serán solo las medias?: toco el piano, todo en torno a eso, salvo las clases que también son de guitarra y matemática, con que ciencias ambientales; tiene piernas de estudiar ciencias ambientales, si, no de tocar bien el piano: mira vos, pero nada de lo que se aprende se olvida, podría darte alguna clase ad honorem si querés; ¿que estas  diciendo, Darío? aunque con tal de ver la cara de Ludmila al entrar y verme dando una clase a una lady así, o verla cebándole unos mates en la cocina mañana a la mañana, ella siempre tan innecesariamente cortés: ah, mira, ¿y para que lugares viajas con el  laburo? uh, que envidia, yo apenas si una vez por unos pesos di unos conciertos –¿conciertos...?- en el norte y algunos pueblitos de Uruguay de vacaciones, Bolívia, Chile; y la cara de Máximo, se moriría  de la envidia, cuanto se tardo la turra de Ludmila en darle, devolverle un gusto, en cambio esta madame mmm va ser la cosa más rápida... aunque estas llegando tarde Darío, lo sabes, se esta yendo la  parte lucida de la noche, seguro los chicos ya empezaron sin vos, y ese perro feo que te mira y ella hablando practicamente sola, le prestas más  atención al bicho que a la platica, pero esta bien ¿que más vas a hacer?. La noche esta muy linda, dijo ella. La noche, ¿que noche?, digo si balbuceó, pero tengo que admitir que es secundario a mis ojos; perro de mierda, no me mires así que me distraes, tengo que verla a ella  ahora, basta, puto, yo también sé que ni dos pesos vale en una hoja esto que digo, pero ya te quiero ver a vos también cebándole mates mañana a  la mañana a tu dueña, conversandole con la parejita, Máximo y Ludmila,  mientras yo seguiré durmiendo en la pieza de al lado, como voy a  dormir mañana. Raff, rafff, raff: que perro hijo de puta que sos; rafff,  raff. AYYY, no seas celoso pupi, sabes que vos sos mi corazón, a ver,  pedile perdón a Darío, hermoso. Él sonriendo burlonamente le  acariciaba su cabeza que se hallaba en los brazos de Mariana. Disculpa,  es que se pone celoso siempre pupi cuando le presento amigos. Y tiene por que; si pupi, ni dos pesos, mirá, ni dos pesos, pero bien que hoy gano: vas a ver, cebando mates te quiero ver mañana.

Una hora había pasado, Mati seguía durmiendo en el cuarto, y ya no había que leer del diario. Tendré que acudir a esa biblioteca de mierda pensó. El solo verla le  recordaba la cara de Darío que ponía Ludmila cuando buscaba algún libro o cuando cuidadosamente los guardaba en los estantes: Dale, vamos, ponelo  en cualquier lugar le decía Máximo en esos momentos. Ay, dale, espera un segundo, con mi tío que era  bibliotecario y el nabo de Dario, en serio que ya no puedo, cada libro tiene su lugar, aparte despues sino no los encuentro, y el otro día por  cierto ya me puteo Darío por que no encontraba el libro de Neruda, que vaya casualidad, vos estabas leyendo, tuve que ayudar a buscarlo en toda  la biblioteca, estuvimos como dos horas (...). Mierda, todo esto, encima ella que todavía no llega...este, a ver, sacó un libro de las largas hileras que había entre los estante: “Alla en otros tiempos (y bien buenos tiempos que eran), había una vez una vaquita (¡mu!) que iba por un  caminito.Y esta vaquita que iba por un caminito se encontró a un niñin muy guapín...”, ¿que que? dijo su voz interna, what's wrong with you?. Sonó la puerta, por fin  pensó quien sin quererlo se encontraba preocupado por las palabras del pesado amigo de la chica con quien salía –ajá, con quien salía-, esas burlonas aluciones a que Mariana lo estaba cagando. Ay estas acá, perdón perdón, cerró la puerta con llave, llegué re tarde, la banda no terminaba más y aparte nos tomamos unos tragos de más decía de forma rápida, se sacaba con los pies la zapatillas de lona, colgaba la  cartera y las llaves, no sabes, Caro llevó a unos amigos y unas amigas  suyas que están acá de vieja, son de Guayaquil, y no sabes lo que son, divinas, se lavaba las manos y desde el baño proseguía, y de los chicos había uno que no sabes, encima la tonta de Caro le decía que me tire onda, y me decía a mi también, pero ni bola, viste, ay, no pongas esa cara le dijo acercandose: ella se sento sobre sus piernas, y él la tomo con las manos de las mejillas y se besaron despacio, abrazados, por un rato: ah-ah, con las manos en la masa, te atrapé, a ver, a ver, que  es esto que tenés acá, con que a Joyce, ah, mira que vos me habías  dicho que ni te acercabas a la biblioteca, ¿o me vas a decir que vino solito, caminando? yo que tenía un regalito para vos por demorarme,  tendré que darte la propina nomas por hacer de niñera y llevarte a...  ay, no, que haces, basta, basta, que haceees grito suavemente con alegria,

Él es Darío; Juli, Stefi, Sofi, Cande, mis amigas de toda la vida. Hola. Hola. Hola. Mucho gusto. No, si el gusto es mio; digo:¿por que tenían que venir? se decía Darío mientras ellas le decían a Mariana el  por que de la demora. ¿Y que hacen ahora? Dijo él. Antes que nada dejar a Pupi en casa, pero íbamos a ir al cumple de.. ¿de quien era?. Uy no te dijimos. Posta. ¿Qué?. Al final no se hace, no sé bien que paso. ¿Qué onda –dijo Darío-?. Es un compañero del laburo, y siguieron contando  cosas que Dario no oyó del todo mientras pensaba si mejor era remarla o sentarse ahí y dejar que se vayan. ¿Y algún plan B hay? es un sábado a la noche, che, no me digan que no van a salir. Ahora en casa veremos. ¿Y vos que haces?. Posta, partyboy. –ellas: risitas... él: mierda-. ¿Que qué cosa?; ahh, vamos Darío, hay que remarla: Y tenía una fiesta, iba ir ahora a  tomar algo a lo de un amigo ahí, señaló con el dedo ligeramente un  edificio frente a la plaza. ¿Y qué onda la fiesta?. ¿Donde es?. Es acá  unas cuadras, acá nomas, si quieren copense, pueden venir si quieren con nosotros a tomar algo antes de ir. Sabé que en dos segundos dejo al perro y voy con estas 4 a la casa de tu amigo quería leer Darío en la  mirada de Mariana, pero sabía que iba tener que asti-insitir, por toda esa supércheria del cortejo, los jueguitos paja. Me van a deber una los pibes pensaba, ojala no estén ya completamente borrachos haciendo sus multiquehaceres de orangután soltero. ¿Que hora es?, le dijo la única que no era rubia de las cuatro al verle usar el celular mientras cruzaban ya de regreso la plaza. Ahí te digo cuando termine de enviar el mensaje que no me aparece la opción de la hora cuando estoy escribiendo o leyedo mensajes: “eh, boludos, bañense y frotense bien atrás de las orejas, que llevo 4 minitas, compren unos  escavios”, la una, “Ok”. ¿No les deberías avisar a tus amigos antes de invitarnos así? pregunto Mariana. Justo recien les dije. ¿Y?. Que esta  todo bien dijeron. Bueno, hay que ver de todas formas, aun no sabesmos que  sale, después te digo bien, te mando un mensajito. Un beso, otro y otros tres. Chau pupi decile.

Recostado con ella en el sofá cama, acariciándole con las manos el vientre él le decía: ¿Joyce es el del Ulises, no? Si, ¿por? Ah, nada, me había quedado pensando en el libro que estaba ojeando cuando llegaste, es un muy buen autor. Lo es, mi tío tenía todas sus obras, le gustaba bastante; me hizo leer recuerdo un libro de cuentos muy lindo, dublinenses creo. No hacía frió en el departamento, por el contrario, hacía calor, pero que  lindo era estar tapado bajo las sabanas y el cubrecama, recorriendo, subterráneo, con solo uno de sus sentidos lo que a la luz de los ojos le daría  vergüenza siquiera pensar en surcar tan impunemente: el tacto, los dedos, estas piernas pensaba, aquel vestido negro: Un año. Por cierto, adivina, te tengo una sorpresa dijo él repentinamente, llenando un vacio que hasta entonces era hermoso. A ver mmm ¿un beso?. Algo más. ¿Algo más que un beso? mira que con decir  eso ya estas creando muchas espectativas. Es de acá unos días, te dejo esa pista. A ver, alguna salida, mejor no me digas de todos modos,  quiero que sea sorpresa. ¿Segura?. Sisi, seguirisima. Entonces anda  reservando el jueves de la semana que viene. ¿El jueves? Si. ¿En serio?  vos no sos de salir en la semana, es más, siempre me decís que no. Es  que es una ocasión especial, no todos los días cumplimos un año.
¿Qué-qué?
¿cumplimos?
...
Máximo, sos re tierno, pero ya te dije, vos sabes, solo salimos, yo no creo en esas cosas. Bueno, pero es lo mismo, salimos, cumplimos un año de salir. Es que, mira, si pero no, creo que no estamos en la misma frecuencia. ¿Qué?. ¿O recién un año tenia que pasar desde que salimos para que me obsequies salir un día de semana sin quejarte toda la salida? así me lo  pintas más a compromiso que a otra cosa. Esta bien, si no querés no  salimos y listo. Sabes que no pasa por eso, por mi salgamos, pero quiero  que lo hagas por mi, no por la fecha. Pero y si no lo hago por vos,  ¿por quien más lo hago? ¿por mi? si yo al día siguiente tengo que laburar. No solo por mi, por los dos, ves, ni siquiera por vos lo haces, lo haces por que todos lo hacen ese día, teniendo tantos días el año. Y él, sus manos ya sin pudor, sin cuerpo, alborotadas, sin saber donde ir, su  mente no entendía las palabras que le aventaban, ¿por que no le  gustaba?, histérica, histéricas de mierda pensaba una y otra vez. ¡Esta bien, mira, ya esta!, no importa, iré a ver a la filarmónica de Londres con alguien más, o solo, y la próxima ves que te haga un regalo o una sorpresa lo pensare dos veces, si lo hago por vos o por alguien más, por que si lo hago por  alguien más capaz mejor salgo con esa otra persona. No había respuesta. Y  sus manos mecánicamente buscaban su ropa, a las espaldas de Ludmila  quien abrazaba con fuerza las sabanas: yo que te estuve esperando hasta re tarde. ¿Esta bien lo que haces? se preguntaba Ludmila ¿estara bien? ¿y si salís con él? ¿no era más fácil? aunque lo que vos querés es que sea tuyo, ¿como va  ser él de él? ¿como vas a ser vos de vos mismo? eso no existe, o si, pero ¿quien quiere eso?, es fácil: vos de él, y él solo tuyo, para poder por fin obsequiarte, sambullirte del todo, nadar, fundirse... cuanto daño  sabían hacer los hombres y las mujeres actuando desde afuera: una noche en la palma de sus manos era una vida, una vida corta pensaba, a un no muy largo plazo, pero una vida, que se caía ceniza a ceniza como un cigarrillo, y vos no querías ser una colilla bailando a puntapiés en el suelo de alguna calle, entre los zapatos de quien sabe que desconocidos: él se estaba yendo, y mejor, que se vaya, capaz Darío tenía razón,  estúpidamente siempre la tiene, hablando de calamidades, con sus  funestas predicciones: Sos un mala onda, un ortiva. ¿Pero que le voy a  hacer?, asi es la vida, y sería estúpido no entender lo malo. Si, que estúpida en este momento, que estúpida, que hago soñando con salir con un chico bien sin perder mi huella, ¿viajar a un cuartucho de un barrio de estudiantes en Fráncia o Inglaterra con una beca?, los chicos bien se  hospedan con vista a la Torre, al Big Ben, y su pasaje es de ida y  vuelta, o no, pero se quedan poco, tienen que ir después a Viena, a  Amsterdan, a Roma, y yo solo quiero superarme, demostrar que puedo, lo que puedo lograr, y en mis tiempos libres, vagar por la ribera, sin entrar a ningún lado, y preguntar donde hay gente, donde esta toda la vida, para después, por si acaso... ¿Me abrís? pregunto él. Abajo seguro esta el seguridad...; solo por si acaso, por si te aburrís, te hartas, de las caminatas en soledad, seguía pensando ella, del aclichado romanticismo de a dos, y queres ir a conocer la vida, la gente, eso, y no vivir ese burdo mundo de parejas, ¿parejas? si solo traen problemas: no es necesario que te vayas, sabes, me gustaría que te quedes así hablamos un poco más. Ya hablamos lo suficiente; un chirrido, la puerta abierta: chau. Si tan solo me entendieras, no dejes que se vaya tonta se decía, o no, si, no... dejalo mejor; sonó el portazo: chau.

-tía, tía... tía
-¿si?
-despertate
-¿para?
-estoy aburrido
-sabes mi vida que ese no es muy buen motivo, ¿no?
-estoy aburrido
-ya me lo dijiste
-¿puedo ver tele?
-¿por que no la prendes sin preguntarme?
-¿no te acordás? por que vos me dijiste la otra vez que...
-mejor  dejémoslo ahí, anda al cuarto, cambiante, que la tía tiene que hacer lo mismo. cuando termines vení que vemos tele y desayunamos. ¿dale?
-dale
Matias se apresuro a vestirse. Un short, una remera, botines. En un santiamén  estaba de vuelta en el living. La tía no se habia cambiado mucho que digamos, solo una bata, arriba del camisón, que apenas y Matias vio por dirigirse tan rápidamente a sentarse en la cama para ver tele. Podía estar todo el día así, quieto, cambiando de rato en rato la postura, comiendo mientras, haciendo la tarea, siguiendo una platica. No se entendía bien  como, pero pasaba. ¿Queres esto?, le decian, y él si, sin siquiera mover la cara. ¿Esto otro?, también. ¿Blá? blé... ¿y  blí?...blo, blu. Hacía todo bien y mientras veía la tele. Los viejos solo por si acaso no se la sacaban. Ludmila lo había intentado, y lo estaba logrando, pero al distraerlo no hacía la tarea, se colgaba, y además  como no pasaba demasiado tiempo con él: que haga lo que quiera termino por pensar ella. Lo que  quieran los padres diras decía él otro -Darío-. Si, bueno, lo que quieran los  padres, siempre corrigiendo che, no sé para que te cuento... y ahí, justo, hablando del rey de Roma, él venía:
-buenos díaaas -dijo seca pero alegremente el recien-venido
-¡darioooo!
-uhh, ¿que haces campeón?... estas con toda
-calma, calma, que Darío parece que tuvo una noche movida
-¿si? ¿por que? ¿que hiciste Dario?
-fui a jugar a las escondidas a palermo
-¿de noche?
-si, con unos amigos
-habrás ido a una fiesta, Se reía picaramente el pequeño.
-no me conoces eh, ni sabes como corrí... no sabes, casi gano, encima quede cansadisimo, pero casi, Bajó de encima suyo al pequeño, y le dijo: mira, quedate acá que saludo a tu tía. A quien Darío se aproximo con una sonrisa, obteniendo por respuesta que, sin casi moverse, ella  solo le levante un poco las cejas dirigiendo la vista lentamente hacía él que se le acercaba: ¿que saludos son esos, che?... ¿y yacomocapeletini? ¿dónde esta?... ¿pasó algo?... dale, no te hagas la boluda que mira, ¿que  es esto? ¿de cuando acá dulce de leche, bajonera? lo habías dejado. Tomó el plato  de las bananas con dulce de leche y les clavó la cucharita. Un bocado. Dos: están buenas... pero vaya sorpresa.
-me las pidió Mati.
-deberia venir más seguido entonces, Respondio a sabiendas que era vano indagar más, al menos por ese momento: y aprovechando tu mañana de tía buena, ¿y si tu sobrino mayor te pide un licuado?
-... Ludmila esta sentada mirando la nada, seguía sin mirar a Darío, que mientras tanto comia las bananas con dulce de leche sin despegar la vista de su desayuno.
-vale  responder, Decía él jugando con el dulce de leche en su plato: no sabes  lo que me pasó ayer, casi salvo a todos, pero mientras corría, o bueno, caminaba sigilosamente, me resbale y me picaron, por un pelo, y algo de vomito en el camino, no pude decir pica para todos mis compas, pero bueno estoy medio baqueta, más que primaria ayer estuve mas secundaria por así decirlo
-...¿no era piedra libre?
-los  dos, pero vamos, ni que fueras la anarcolibertaria de las tablas de la ley, Él seguía comiendo: es gracioso en cierto modo, piedra libre, ¿que mierda significa eso? pero es más lógico que el pica que es  contradictorio, y mal o bien, por mucho que nos pese, los juegos  necesitan su lógica, ¿diciendo que pica a todos sus compañeros comos los va liberar?, Se paraba, se servía un vaso de leche, volvía y seguía diciendo: claro, ahí los cagamos, ya con los juegos, ni juegos  puros les podemos dar a los pibes, bah, ni sabemos que les damos para  que se distraigan, y para colmo una de las opciones no tiene sentido. encima la otra, él que gana ahí no libera a todos si lo pensás bien, si  pica a todos es que da vuelta todo desde su ángulo y se pone a la  cabeza, pica no solo a sus compañeros sino al que contó, al que esta picando... la hace en cierto modo... che, Lud, estoy hablando un poco solo, ¿o soy yo?
-...Ludmila apoyada de costado en el mármol de la cocina daba la espalda a Dario mientras él servía agua en la jarra.
-creo que soy yo
-....
-colgadaaa, Alargaba la voz mientras dirigía la tasa a su boca.
-...
-che, dale, ¿que pasa?
-que  es lógico en verdad, si una doble negación equivale a una afirmación,  invertido puede dar lo mismo. pensalo, afirma dos cosas iguales, por ejemplo una acción en el mismo tiempo y espacio, solo cambiando el sujeto, pensalo, niega la posibilidad de que ocurran todas las opciones.  la contradicción uniforme de todos los términos hace que la afirmación  se auto anule y pierda todo valor como fuente de información. al perder  su valor, pierde su efectividad, su utilidad, pone en jaque al juego  mismo, el que se siga jugando a eso pese al tiempo es por su germen destructivo, kamikaze, de irregularidades lógicas que aun no se cumple,  pensalo, que hasta que no diga c'est fini se va repetir siempre. bah,  habría que pensar si realmente hay algo tras de todo, si no capaz es  solo un juego para pasar el rato, como todo
-mierda boluda, ¿y eso de donde salio? ¿que le pasó a Breton?  te respondería pero no me engañas, estas re enrroscada
-¿decís?
-manzana
-...
-vení, Dijo en voz baja, mientras dejaba la taza en la mesa yendo hacia ella,  tomándola rápida pero delicadamente por el rostro, haciéndole levantar su vista directo a sus ojos: ¿qué pasa?
-nada
-vamos
-nada...es esto de Máximo... que efectivamente se volvió nada. ayer nos peleamos y  bueno, practicamente terminamos. la verdad tenías razón, él no era para  mi.
-yo no decía eso... para mi él no era para nadie
-la  cosa es que se fue, se molestó por que le dije que no me gustaba que  hiciese las cosas por compromiso, cuando para colmo ni había compromiso
-¿y que te dijo?
-boludeces, hasta se puso a tratarme de desconfiada
-que pelotudo
-pero bueno, es una pagina cerrada supongo, o que esta por cerrarse, Miró la mesa sin verla, Darío la la contemplaba sin saber exactamente que decir
-... ¿y si vuelve o llama no le vas a hablar, bah que le digo?
-va ser lo mejor, no sé por que siempre espero estas cosas para tomar una decisión. siempre el paso, el portazo, lo tiene que dar otro, siempre me queda solo quedarme triste como una pelotuda
-tampoco sos tan bruja che, nadie adivina las volteretas que da esta vida de  mierda. además no esta mal intentar si aprendes algo, yo ponele debería intentar más... es bueno dejar ser a los sentimientos, solo así tenés certezas, lógicas o ilógicas, pero certezas a fin de cuentas
-vos lo odiabas
-si, Se sonrio Darío
-...
-disculpa, no debería reírme, pero si, Reincidia con su sonrisa...
-soy una pelotuda, Lloraba ella en silencio con el semblante gacho.
-bueno Lud, basta, mira, si, ¿quien no lo es?, es condicion para vivir, de lo bueno, es como lamentar que vas a morir, ademas mirale el lado positivo, ahora no me voy a quejar más, y sin mi mala onda seguro nos vamos ganar un par de jueves más de vida, aparte el no verlo puede valer como un regalo para mi, y mira que soy bueno, eh, vos que siempre te enrroscas con esas cosas, ya estas exonerada de  pensar el próximo, y no solo del mio, sino también del de él.
-sos un tarado, ¿sabes?, Dejando avistar en sus ojos entre el sollozo una sonrisa
-yo también te quiero, Darío la abrazó.
-tonto

Creo que le caíste bien a pupi. ¿Decís?. Sisi. Pero si me ladro. Nha, es que... Mierda, se decia para si Darío al ver de cerca la cara de Mariana, ya esta en pedo. Al menos así se va acelerar un toque la cosa. A ver, movio sigilosamente su mano del marco de la ventana del pasillo al hombro de Mariana. Así se acerco a ella un poco: ahí esta se decía. Y bajaba la mano. Más cerca. A su cintura. Ahí va: También me cayó bien pupi, es re simpatico. Es un amor, ¿no?. ¿Eso? ¡claro, como no! proseguía con su soliloquio interno Darío, ya estamos, a acercarnos un poco más. Uy, acá. Cubría él un poco con su hombro la espalda de Mariana. Sus dos brazos solo esperaban el momento para abrazarla. De todos modos, a mi me gusta más la dueña dijo él suavemete. Que lindo. Se arrimo ella... Y ya más comodo Darío, dejó con suma tranquilidad que el momento se estanque unos segundos. No titubeo en descentrar un poco sus pensamientos. Perdio sus ojos en el horizonte, en tono undivago contemplaba el cielo. Sabía que en ese momento no era lo mejor acelerar las cosas, había que esperar al tiempo, no apresurarse. Ella tenía que ser la que ahora se arrimase más a él. Por eso paseaba con sus ojos por el cielo... Mariana intento continuar la conversación mientras tanto, le incomodaba el silencio, se ponía nerviosa, por más que solo fuese cosa de algunos segundos. Que esto, que aquello. Darío le contestaba con monosílabos, mirandola con un gran ademan de atención, él que asentía, comentaba frases muy cortas, y siempre le sonreia, con un gesto de complacencia, era momento de solo escucharla: Uy, mira vos, ¿y? la verdad no sabía, ¿pero esta todo bien?, que bueno, ¿segura?. Mientras, él aprovechaba y acomodaba su mano izquierda  un poquitín más en ella, le arrimaba su cuerpo un poco más: Igual viste, es así, uno nunca sabe, ¿también que le vas a hacer?, en serio, ¿posta?,  posta, mirá. Y ya estaba, listo pensaba, Vamos para adelante. Un breve lapso, un silencio, un segundo, miradas: a sacar partida: él le robo un beso. Ella lo dejó. Y lo volvio a dejar. El silencio prolongado, volvieron a mirar al cielo por la ventana: Que linda vista. Si, y eso que no sabes como se ve desde el balcón. ¿Tiene un balcón?. Y decis que sino lo hubiese dicho pensó: Si, tiene uno en la pieza de allá. ¿Y se ve mejor desde ahí?. Este justo da un poco a un edificio, el otro da a la plaza. Dale, vamos.
Mientras se dirigian allá Mariana le preguntó donde estaba el baño. Él le señaló cual era la puerta, y mientras tanto aprovecho para preparar algún trago o alguna bebida para tomar en el balcón... Che, no me van a  decir que se acabaron todo. La concha del mono. ¿Qué es esto? Ajá. Bingo ¿Bingo? Mierda, ¿por que dijé bingo?... ¿Acá?. Si, sale. Whisky, coca, y listo... Acá estas, le dijo Darío al verla venir caminando desorientada por el pasillo de la cocina y el baño, vení, vamos, ella tambaleaba... ¿Esta fuerte?. Nha...bah, para mi. Mira, le mosotro la vista desde el balcon, ¿viste que que buena vista?. Buenisima, es muy lindo. El gran vaso de plástico estaba en la mano de Mariana. El brazo de Darío en su espalda, su mano en su cintura y la voz cada vez más fatua, inecesaria, con la sombra de la habitación a sus espaldas contrastando el cielo. De ahí venían, de la penumbra, tras cruzar la puerta. Allá en el cielo, en cambio, con la luna jamas iban a estar. Cosa que él tampoco hubiese querido. Solo vanas palabras para adornarse uno, para dibujar el momento, mientras va intentando venderse, cuando no regalarse: y ella en cambio en aquel momento solamente pensaba en él, en él y ella. Con la luna de listón, adornando el encuentro. ¿Me das un beso?. Un ayy, una emoción, un grito de nena que calló Mariana, y soltó en un beso. Así era mucho mejor. Pasaban los minutos, el vaso ya sin contenido era un juguete más del viento en el piso del balcón, movido a su antojo. Impulsos el uno por el otro, los dos cuerpos que se dirigian a la cama, se sentaban en su borda, se besaban. Darío se agacho un poco para sacarse el calzado derecho (que no podia sacarse al vuelo con el pie izquierdo). Y como tuve suete al hacer eso, diría Darío al día siguiente a Lud, por que Mariana mientras él hacía eso,  se libero en el alfombrado suelo. Gachó la cabeza, formando menos de noventa grados entre el rostro y su pecho, doblo un poco la columna, se abrio de piernas instintivamente, y tras unos cuantos segundos, un sonido desagradable extremecio a Darío. Que asco pensó.

-jajaja que mufa que sos
-para colmo se habían ido todas las amigas menos la que se agarro Juan. estaban los dos en la habitación de al lado encima. las muy putas de las amigas me la engancharon
-vos te la enganchaste
-encima hasta el tachero se me reía
-jaja ¿le contaste?
-y si, era gracioso, aparte sino le contaba parecía que me la quería violar, el tipo me miraba con una cara en el taxi estaba ahí yo sentado lo más normal con una mina semiinconciente desbaratada a mi lado.... vos que siempre me decís que no baje la  vista dirigiendola al suelo cuando camino, la verdad no rinde
-justo a mi me venís a hacer caso, ¿desde cuando?
-que sé yo...
-¿y la vas a llamar o algo? jajaja


lunes, 15 de noviembre de 2010

Miércoles 20 de octubre

Es imposible hoy quedarse quieto
con el alma llena de banderas.

Duele pararse y solo mirar
el horizonte en su diáfana espesura
cuando por las calles los motores
las fabricas y las aulas al detenerse
empiezan a escribir
con la única métrica con que se hará nuestra la historia:
¡asamblea, huelga!
¡toma y a la calle!

Porque a los compañeros no se los sepulta
a los compañeros
no se los olvida, se los hiergue
firmes
de pie
sosteniendo sus vidas
como bandera
en la procesión para la vida
nuestra vida
que lucha

nuestra lucha. Mariano

es imposible hoy quedarse quieto
sin salir
a marchar para encontrarte.

viernes, 15 de octubre de 2010

una historía de peces

para mi cumpleaños hace
ya casi once meses
dos amigas vinieron
de imprevisto
a mi casa
para regalarme un pez naranja y azul

gracias les dije
mirando
celoso al animalejo
por las circunstancias biológicas que
lo excluían de la escena

mi madre no paraba de sacar fotos
mientras mi padre
estaba por tomar nota de lo que venía:

es un pez beta –dijo-
no necesita nada
solo tres de estos por la mañana
(pedacitos de carne)
nada más;

sin burbujas,
ni juegos,
sin temperaturas,
ni decorados,

sin compañía;

no necesita nada:
es perfecto para vos.

yo lo seguía mirando mientras tanto

celoso